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Se vale estar tristes

Ninguno puede negar que los últimos meses han sido caóticos. El mundo ha entrado en un cambio radical tras otro. Desde amenazas de guerras a gran escala, pandemias incontroladas, protestas y disturbios causados por la revelación del racismo en nuestra vecina nación del norte. Aunque tratemos de evitarlo, todas estas situaciones tendrán un impacto en nosotros, sobre todo por el hecho de que la mayoría hemos estado encerrados una cantidad de tiempo (situación a la que no estamos acostumbrados). Naturalmente, los niveles de irritabilidad están por los cielos y las emociones de tristeza o enojo han estado a la orden del día. Yo he estado triste y creo que eso está bien. 

Sentirnos tristes no quiere decir que seamos débiles o cobardes. En cambio, significa que las situaciones que causaron dicha reacción nos son suficientemente importantes como para afectarnos emocionalmente. Por ello, negar o reprimir la tristeza puede resultar contraproducente en el sentido de que nos quita la oportunidad no sólo de identificar qué cosas son importantes para nosotros y podríamos estar ignorando, sino que también limita nuestra posibilidad de empatizar y conectar con el resto de personas que están pasando por situaciones difíciles. Pero eso no es todo, además, el negar este sentimiento puede generar que seamos incapaces de reconocer signos de tristeza o hasta depresión en otros, volviéndonos incompetentes a la hora de dar apoyo a dichas personas. En resumen, negar la tristeza es peligroso para nosotros mismos y para los demás.

Por otro lado, avivar este sentimiento es igualmente peligroso, ya que podría llegar a evolucionar en una profunda depresión. Entonces, ¿cómo podemos lidiar con la tristeza sin reprimirla ni avivarla? Creo que la mejor forma de empezar a trabajar con ella es verla como un catalizador emocional hacia el crecimiento y  la acción. Es decir, la tristeza se origina cuando nuestra forma de ver el mundo colisiona con la perspectiva de la realidad, pero eso no significa que debamos conformarnos con ella. Si al sentirnos tristes o enojados nos tomamos el tiempo para hacer al menos una ligera introspección hacia las ideas propias que están generando ese estado podemos aprovecharlo no sólo para reconocer nuestros propios valores, sino también para llevarlas a la práctica y darle un mayor significado a nuestra propia vida.

Por ejemplo, la mayoría de nosotros no hemos podido evitar sentirnos tristes a raíz de los recientes eventos en el mundo y eso se debe en gran medida a que en el fondo nos gustaría que las cosas fueran mejor: nos gustaría no tener que vivir con miedo a un peligroso virus altamente contagioso, nos gustaría que la economía fuera lo suficientemente estable para no preocuparnos sobre nuestro futuro y también nos gustaría que la gente no agrediera a otras sólo por tener diferente color de piel, por poner algunos ejemplos. Pero en vez de apaciguarnos y adoptar una actitud fatalista, podemos aprovechar nuestra indignación, nuestro enojo o nuestra tristeza para hacer algo al respecto: usar cubrebocas, no salir de casa y seguir las recomendaciones sanitarias; empezar a ahorrar para lidiar mejor con alguna posible crisis futura; o dejar atrás nuestros prejuicios sobre algunos grupos sociales, si es que los tenemos. Es decir, siempre hay algo que se pueda hacer directa o indirectamente para apoyar la resolución de una situación, desde dar simples palabras de aliento hasta ofrecer un apoyo económico a la(s) personas que estén trabajando en dicha solución.

Para concluir, los invito a que la próxima vez que se sientan tristes, enojados o indignados hagan uso de ese sentir para actuar y hacer algo al respecto para resolver esa situación, desde que ésta es tan simple como que el día de hoy no hayas encontrado tus llaves antes de salir de casa hasta alguna injusticia social acontecida a nivel mundial. E incluso en el raro caso de que realmente no puedas hacer nada al respecto, siempre podrás usar aquellos sentimientos para reconocer tus propias convicciones y redirigir tu vida hacia ellas. Después de todo, las grandes revoluciones ideológicas de la historia siempre han iniciado con alguien que deja de estar de acuerdo con el estatus quo y se dispone a cambiarlo. Y quizá, sólo quizá, tú podrías ser la/el próximos revolucionari@.



Yves Miguel Silva González
Yves Miguel Silva González
Un joven que cree que la vida puede ser maravillosa si nos atrevemos a tomar la responsabilidad de nuestro ser a través de nuestra mente, cuerpo y emociones.
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